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¿CASAS INAUDITAS CONSTRUIDAS POR SUS DUEÑOS?
En esta ocasión, en nuestra serie Comprometidos por la red, queremos hablaros de HABITISSIMO, una web en la que sus autores hablan de arquitectura y de los proyectos de reforma de edificios, pero con una peculiaridad que nos encanta ya que adopta un enfoque muy particular para poner en común a profesionales y clientes. Además se trata de una web participativa en al que las empresas relacionadas con el sector encuentran un espacio de confluencia con sus clientes y con otros profesionales diferentes.
Y para ello, nos ha parecido que lo mejor será trascribiros el correo que nos han remitido:
“Hola, soy Toni García (editor de) habitissimo. Hemos escrito este post porque pensamos que hay gente que se cree arquitecto y acaban aventurándose a construir su propia casa. Creo que los resultados son bastante curiosos… ¿Qué os parecen?
Ahora bien, nosotros somos más de contar y recomendar a un buen arquitecto para cualquier proyecto, sobre todo cuando se llegan a construir edificios de pura ficción como los que hemos recogido en este otro artículo:… “

Imagen del artículo «5 casas reales que superan a la ficción». Fuente: habitissimo.es
Pues si… en La Ciudad Comprometida también estamos convencidos de que más allá de las anécdotas, es esencial que busquéis (y lo encontrareis) a un buen arquitecto para cualquier proyecto… Es más, ¡Ni lo dudéis!
Cuevas medievales de Beas de Guadix
Fotografía: Torcuato Fandila / Texto: Antonio Tejada
La Ruta T-4 de la Comarca de Guadix, más conocida como Ruta Valle del Río Alhama, nos llevará al corazón de estas cuevas medievales. Con una dificultad de carácter circular y un día de duración aproximadamente (84 kilómetros de recorrido), tiene una cota máxima de 1.250 metros y la mínima de 850.
Lo que llamamos “Valle de Alhama” engloba a todos los municipios situados en la margen derecha de la cuenca alta del río Fardes: La Peza, Cortes y Graena (Los Baños, Graena, Cortes y Lopera), Lugros, Polícar, Beas de Guadix, Marchal y Purullena. Los paisajes que ofrece esta zona permiten comprender la evolución geológica de toda la comarca: las montañas calizas de la sierra de La Peza o Lugros, en las zonas más altas; a sus pies, la gran llanura de sedimentación sobre la que encontramos los pueblos de Lugros y Polícar; y, por último, los bad-lands, formados por la erosión de la arcilla, en los que se encuentran el resto de los pueblos.
Aunque toda la zona ha estado ocupada desde la prehistoria reciente, fue en época romana cuando adquirió un protagonismo singular gracias a las aguas termales de Graena, y al paso de la vía Acci (Guadix) – Iliberis (Granada) y que el topónimo Beas nos recuerda. La mayor parte de los pueblos actuales tienen su origen en época medieval, con las cuevas-refugio aún visibles en muchos lugares del valle, en torno a las cuales surgieron aldeas de casas-cueva. El patrimonio histórico de la zona se completa con las iglesias mudéjares del siglo XVI.
Actualmente, la zona ofrece, además de lo dicho, vinos de excelente calidad y una artesanía propia, en la que destaca la cerámica de Purullena y los únicos restos de trogloditismo artificial medieval existentes en toda Europa; este hábitat troglodita es característica definitoria de Guadix, desde la prehistoria los hombres buscaron refugio en cavernas y abrigos naturales, más tarde excavaron cuevas en la Hoya de Guadix y en los valles de los ríos Gor y Fardes. Estas casas cueva conservan su arquitectura subterránea, paredes encaladas, temperatura constante y típicas chimeneas. Poseen balnearios que aprovechan los manantiales naturales de la zona; necrópolis y restos prehistóricos.
La ruta continúa, siguiendo el antiguo camino de Guadix a Granada, hacia La Peza, uno de los mejores ejemplos de urbanismo morisco de la comarca. En lo alto del pueblo podemos contemplar las ruinas de lo que fue el castillo más importante del camino viejo de Guadix a Granada, de cuya vigilancia estaba encargado. Antes de llegar a Purullena, podemos hacer una parada en Lopera, una pequeña aldea de cuevas muy bien conservadas, situada junto al río Fardes. En Graena se hallan una de las concentraciones de cuevas-refugio más importantes de la comarca.
La cal y la launa
La cal se introduce como elemento higienizador y embellecedor, tratándose del único elemento utilizado en la construcción tradicional que es ajeno al entorno más próximo. En cualquier caso, su presencia generalizada en todos los núcleos de la comarca, los singulariza haciéndolos destacar por el contraste con los terrenos oscuros en los que se asientan. De esta manera se ha convertido en uno de los elementos más significativos en la percepción de los pueblos de la comarca, y cualifica de manera especial el espacio urbano al estar presente tanto en las fachadas de las casas, como en los muros de contención de los huertos urbanos, petos y barandillas, etc…
La launa es el revestimiento por excelencia, empleado en las cubiertas como material impermeabilizante. La presencia de una cierta proporción de limos en su composición hace que admita una menor cantidad de agua que otras arcillas, y que tenga contracciones y fisuraciones más bajas. Su color plateado brillante la convierte en un material reflectante que ayuda a mantener las condiciones térmicas del edificio.
La combinación entre estos dos elementos es lo que determina en mayor medida la singular belleza de los pueblos alpujarreños.
Materiales y técnicas constructivas
La arquitectura de la Alpujarra-Sierra Nevada responde a una relación estrecha con el medio natural en el que se sitúa y en esto influye, decisivamente, la elección de los materiales obtenidos directamente del entorno más próximo.
La respuesta a las necesidades constructivas elementales en un medio ,económicamente pobre conlleva al uso de los materiales que se tenían al alcance de la mano, materiales abundantes y de fácil disponibilidad.
Los materiales constructivos fundamentales empleados son la piedra y la madera, mediante los cuales se consigue resolver todo el sistema constructivo tradicional. Estos materiales son utilizados para los tipos de construcciones que se realizan en la zona: casas, cortijos, eras, albercas, acequias, puentes, muros de contención en calles y aterrazamientos, apriscos, pavimentado, etc…
El sistema constructivo se basa en la agregación de los materiales, resolviéndose los encuentros sin encastres complejos. De esta manera, mediante la superposición de pequeños elementos, se consiguen construcciones de gran flexibilidad estructural, que se van “acomodando” en el terreno respondiendo eficazmente a los movimientos del mismo.
Los sistemas constructivos tradicionales son de fácil ejecución y suelen ponerse en práctica por personas no expertas, no siendo necesario el empleo de maquinaria especializada.
La naturaleza de los materiales empleados y el tipo de construcciones hace necesaria la realización de trabajos de mantenimiento esporádicos para posibilitar la correcta conservación de las casas. Esto hace que las construcciones abandonadas se degraden rápidamente.
El elemento más utilizado es la piedra que se encuentra en la superficie de la tierra. Se trata de esquistos de pizarra, que presentan una notable ventaja frente a otros materiales al dividirse fácilmente en piezas menores. Al ser un material exfoliable permite obtener también una variada gama de espesores lo que es fundamental para la organización de las fábricas y para la resolución de problemas delicados, como los aleros y remates de todo tipo.
En los muros, esta piedra se une con una argamasa muy pobre que consiste en arcilla y agua a la que se añade cal ocasionalmente. Los mampuestos de piedra se colocan en hiladas irregulares, echando a continuación la argamasa, que rellena los huecos y recibe la hilada siguiente, consiguiendo una estanqueidad mayor que en los muros de los bancales.
La cimentación se resuelve con escasas zanjas superficiales, con una base suficiente para hacer trabajar al terreno.
El muro tiene dos funciones elementales: la estructural y la de cerramiento. Su gran inercia térmica y las escasas dimensiones de los huecos hace que su comportamiento frente a los elementos climáticos sea bastante bueno. La ausencia de grandes huecos (incluso las puertas son de tamaño muy reducido) simplifica también la construcción al resolverse los mismos mediante adintelamientos muy sencillos.
Los aleros se resuelven mediante lajas de pizarra también. Una hilera de piedra en el borde, llamada castigadera comprime o sujeta una laja de mayor tamaño que es la que actúa como alero.
El otro material básico es la madera de castaño, abundante en la zona, cuyas propiedades la hacen especialmente útil para la construcción de vigas, forjados e incluso para la carpintería de exteriores. Se trata de una madera fácil de trabajar; dura, aunque menos que la de roble; estable si el proceso de curado ha sido lento; y de un envejecimiento lento aún en condiciones adversas.
La construcción del forjado es otro proceso de agregación. Los rollizos de castaño se apoyan simplemente en los muros y perpendicularmente a aquellos se colocan las alfanjías que son trozos irregulares de ramaje de castaño a modo de una red tupida sobre los rollizos. Sobre este entramado se disponen lajas de piedra que se ceban superficialmente con el malhecho, que no es sino barro apisonado.
Cambio + Conservación
Por Carolina Minola Foti. Arquitecta
Las primeras casas de la Alpujarra reflejaban un modo de vida totalmente acoplado y mimetizado con su entorno. Respondían a una sociedad que se basaba en la agricultura y en donde las casas se constituían con espacios que albergaban las necesidades básicas y actividades del campo. A nivel de conformación de la vivienda como envolvente se proyectaban las mismas a través de una arquitectura vernacular, utilizando la piedra y la madera del lugar.
A su vez, la implantación refleja una sociedad marcada por su entorno inhóspito, donde el respeto por las vistas se traduce en un juego de volúmenes a diferente cota que conforma una unidad perfecta con la montaña.
Pero, ¿qué sucede cuando un paraje de estas características se convierte en bien de interés cultural. ¿Se pueden armonizar las nuevas necesidades y modos de vida con la conservación de su entorno?.
La composición de la vivienda unifamiliar, definida como conjunto de espacios y aplicación de tecnologías, ha ido cambiando y lo seguirá haciendo, ya que como seres humanos nos seguimos desarrollando, no solo a nivel individual sino como sociedad. Por medio de la globalización, nos vemos afectados por nuevas necesidades y metodologías técnicas, las cuales vamos incorporando de forma inherente a nuestros nuevos modos de vida.
En la actualidad como profesionales, uno de los problemas a solucionar es el de compatibilizar las nuevas técnicas sin degradar a un entorno de gran carga cultura, pero sin que este nos deje paralizados a la hora de actuar. Debemos de intervenir a conciencia sin hacer replicas obsoletas de elementos del pasado que no dan respuesta a las nuevas necesidades presentes o futuras.
Creo que debemos apostar por el “cambio certero”, para lograr mejorar la “conservación” de nuestros bienes y poder generar de esta manera un entorno coherente que revalorice lo existente, sin perjudicar o acotar nuestras nuevas construcciones.
Arquitectura modulada
La arquitectura tradicional de la Alpujarra-Sierra Nevada presenta un indudable carácter unitario que supone uno de los elementos más característicos de la comarca. Los sistemas constructivos empleados, la fuerte pendiente de las laderas y el alto grado de fragmentación de la propiedad propician una tipología edificatoria que se hace característica por el carácter aditivo de sus volúmenes prismáticos sencillos, constituyéndose esta singular irregularidad en uno de los invariantes arquitectónicos de la zona.
La construcción a base de muros con luces pequeñas en cualquier sentido permite obtener planos de apoyo a la altura justa, con un grado de despiece que se va adaptando a la configuración del terreno. De esta manera, los volúmenes se fragmentan mediante escalonados y cambios de alineación apenas perceptibles, adaptándose a las laderas de fuerte pendiente.
Las cubiertas planas de launa, rematadas por aleros de lajas de pizarra, son el elemento que remata las edificaciones y las dota de la percepción prismática que las caracteriza.
Las parcelas son estrechas y profundas, ocupando la edificación normalmente todo el espacio disponible. Las casas suelen disponer de una sola fachada, en el lado menor, orientada al Sur. Se consigue así aprovechar las escasas ventajas climáticas del lugar. La arquitectura se asoma hacia el valle, el cual se percibe por encima de las cubiertas de las construcciones inferiores. En las fachadas traseras, por contra, predominan los paños ciegos y los muros bajos que permiten ver el paisaje sobre ellos.
Predomina la arquitectura unifamiliar, con un carácter modular y aditivo. Las construcciones se van adaptando mediante la adición de volúmenes que van colmatando los espacios libres en las parcelas según las necesidades familiares.
Se trata de una arquitectura sencilla, lógica, utilitaria y funcional que busca soluciones eficaces y baratas como respuesta a las necesidades de vivienda y a la solución de problemas concretos. No existen pretensiones ornamentales, limitándose éstas al encalado de las casas y a los elementos vegetales que aparecen en las fachadas.
Aún así el resultado es el de una arquitectura tradicional de gran belleza formal, por su perfecta adaptación a un medio muy cualificado paisajísticamente.
Los pueblos se perciben desde las cotas inferiores a los mismos como, un conjunto de volúmenes blancos, de textura rugosa y aleros de piedra. Desde el punto de vista superior se dibujan como un conjunto integrado de paratas de tierra que constituyen las cubiertas de los edificios y que representan una analogía plana del terreno natural.
Hitos urbanos
La homogénea trama urbana de los pueblos de la Alpujarra, en la que el tejido residencial se convierte en el componente esencial de la misma, se ve cualificada puntualmente por elementos singulares que destacan por su escala o uso convirtiéndose en verdaderos hitos urbanos.
Casas nobiliarias, ayuntamientos, fuentes, lavaderos, y sobre todo las Iglesias parroquiales actúan como focos de atención que concentran la actividad urbana, ubicándose junto a los mismos normalmente espacios urbanos de mayor entidad.
Aunque algunos de estos elementos están en desuso poseen un indudable valor histórico, arquitectónico, etnológico o ambiental, que hace necesaria su protección.


