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Placeta de Santiago
Fotografía: Torcuato Fandila / Texto: Ricardo Ruiz Pérez http://sp.ideal.es
Era el centro del arrabal que por aquí se extendía, aprovechando la rambla exterior a la muralla. El barrio se organizaba alrededor de la mezquita, en cuyo solar se emplazó la iglesia cristiana que hoy preside la plaza. Desde aquí se orientaban los caminos que iban al Cenete, hacia el barrio de Santa Ana y hacia un sector de la vega.
La plaza actual se hizo a partir del derribo de las casillas musulmanas y tiene un gran atractivo. Es una zona ajardinada, presidida por la iglesia y de un gran efecto estético en su flanco derecho, con una calle en rampa zigzagueante que lleva al palacio de Peñaflor, desde aquí elevado y arrogante. Son de gran belleza plástica las procesiones que por esta cuesta transitan en Semana Santa.
El Centro de Interpretación del Megalitismo de Gorafe
Fotografía: Torcuato Fandila / Texto: Antonio Tejada
El centro de interpretación del megalitismo de Gorafe en Granada, comenzó a construirse en 2002. No es un museo de prehistoria «al uso» sino que a través de las nuevas tecnologías que mediante diferentes elementos didácticos e interactivos, como pantallas gigantes o talleres infantiles, explican al visitante cómo se vivía en Gorafe hace 5.000 años. Las once necrópolis que rodean el municipio tienen un total de 198 dólmenes megalíticos, aunque previamente había en la localidad más de 230.
Es el mayor centro de interpretación de la comarca y, por extensión, de la provincia. Se unen pasado y futuro en un mismo espacio. El centro ofrece a través de la más moderna tecnología uno de los museos más avanzados hoy por hoy en la provincia en lo que se refiere a la aplicación de estas técnicas.
El complejo temático cuenta con tres plantas circulares comunicadas con una rampa suave para recorrer todas las etapas y peculiaridades de las construcciones megalíticas. En la parte superior del museo hay una plaza con miradores al valle de la localidad, desde los que se contemplan las diferentes rutas de dólmenes que incluyen las casi 300 construcciones funerarias clasificadas por los arqueológicos y que convierten a la comarca accitana y Gorafe en una referencia europea.
Se trata de un museo tanto para iniciados en la Prehistoria como para expertos, destacando su diseño novedoso ya que está enterrado completamente bajo tierra, al igual que estaban los dólmenes, y se entra por una plaza que es también un centro de interpretación del paisaje y tiene tres niveles comunicados mediante rampas con salas de proyección multimedia.
¿Ruptura o integración?
A propósito de las reflexiones en el post de ayer sobre Ferreira en particular y del Marquesado del Zenete en general quería comentar algo…
Estamos asistiendo al progresivo deterioro de la imagen de nuestros núcleos urbanos como consecuencia de la introducción de tipologías impropias; la edificación de volúmenes inadaptados; la ruptura de la escala en las promociones; la repetición de soluciones estereotipadas; los nuevos materiales que cambian la textura y el color; los acabados ajenos a la tradición: la progresiva densificación de nuestros pueblos y la paralela desaparición de los huertos, del arbolado, de la presencia del agua: el ocultamiento creciente del paisaje desde las calles y desde las viviendas… Estamos asistiendo, en definitiva, a una pérdida inútil de nuestro patrimonio cultural al tiempo que nuestras casas, nuestros pueblos y nuestro paisaje se van volviendo vanos y van perdiendo poco a poco su excepcionalidad y su singularidad.
En este contexto, parece urgente la necesidad de sensibilizar a los ayuntamientos sobre la importancia de dotarse de planes urbanísticos municipales que den respuesta pormenorizada a las necesidades de protección y puesta en valor de la arquitectura, del urbanismo tradicional y del paisaje de sus respectivos municipios, posicionándose claramente a favor de acciones encaminadas hacia la conservación y la integración, frente a sus alternativas de abandono y ruptura.
Materiales y técnicas constructivas
La arquitectura de la Alpujarra-Sierra Nevada responde a una relación estrecha con el medio natural en el que se sitúa y en esto influye, decisivamente, la elección de los materiales obtenidos directamente del entorno más próximo.
La respuesta a las necesidades constructivas elementales en un medio ,económicamente pobre conlleva al uso de los materiales que se tenían al alcance de la mano, materiales abundantes y de fácil disponibilidad.
Los materiales constructivos fundamentales empleados son la piedra y la madera, mediante los cuales se consigue resolver todo el sistema constructivo tradicional. Estos materiales son utilizados para los tipos de construcciones que se realizan en la zona: casas, cortijos, eras, albercas, acequias, puentes, muros de contención en calles y aterrazamientos, apriscos, pavimentado, etc…
El sistema constructivo se basa en la agregación de los materiales, resolviéndose los encuentros sin encastres complejos. De esta manera, mediante la superposición de pequeños elementos, se consiguen construcciones de gran flexibilidad estructural, que se van “acomodando” en el terreno respondiendo eficazmente a los movimientos del mismo.
Los sistemas constructivos tradicionales son de fácil ejecución y suelen ponerse en práctica por personas no expertas, no siendo necesario el empleo de maquinaria especializada.
La naturaleza de los materiales empleados y el tipo de construcciones hace necesaria la realización de trabajos de mantenimiento esporádicos para posibilitar la correcta conservación de las casas. Esto hace que las construcciones abandonadas se degraden rápidamente.
El elemento más utilizado es la piedra que se encuentra en la superficie de la tierra. Se trata de esquistos de pizarra, que presentan una notable ventaja frente a otros materiales al dividirse fácilmente en piezas menores. Al ser un material exfoliable permite obtener también una variada gama de espesores lo que es fundamental para la organización de las fábricas y para la resolución de problemas delicados, como los aleros y remates de todo tipo.
En los muros, esta piedra se une con una argamasa muy pobre que consiste en arcilla y agua a la que se añade cal ocasionalmente. Los mampuestos de piedra se colocan en hiladas irregulares, echando a continuación la argamasa, que rellena los huecos y recibe la hilada siguiente, consiguiendo una estanqueidad mayor que en los muros de los bancales.
La cimentación se resuelve con escasas zanjas superficiales, con una base suficiente para hacer trabajar al terreno.
El muro tiene dos funciones elementales: la estructural y la de cerramiento. Su gran inercia térmica y las escasas dimensiones de los huecos hace que su comportamiento frente a los elementos climáticos sea bastante bueno. La ausencia de grandes huecos (incluso las puertas son de tamaño muy reducido) simplifica también la construcción al resolverse los mismos mediante adintelamientos muy sencillos.
Los aleros se resuelven mediante lajas de pizarra también. Una hilera de piedra en el borde, llamada castigadera comprime o sujeta una laja de mayor tamaño que es la que actúa como alero.
El otro material básico es la madera de castaño, abundante en la zona, cuyas propiedades la hacen especialmente útil para la construcción de vigas, forjados e incluso para la carpintería de exteriores. Se trata de una madera fácil de trabajar; dura, aunque menos que la de roble; estable si el proceso de curado ha sido lento; y de un envejecimiento lento aún en condiciones adversas.
La construcción del forjado es otro proceso de agregación. Los rollizos de castaño se apoyan simplemente en los muros y perpendicularmente a aquellos se colocan las alfanjías que son trozos irregulares de ramaje de castaño a modo de una red tupida sobre los rollizos. Sobre este entramado se disponen lajas de piedra que se ceban superficialmente con el malhecho, que no es sino barro apisonado.
Cambio + Conservación
Por Carolina Minola Foti. Arquitecta
Las primeras casas de la Alpujarra reflejaban un modo de vida totalmente acoplado y mimetizado con su entorno. Respondían a una sociedad que se basaba en la agricultura y en donde las casas se constituían con espacios que albergaban las necesidades básicas y actividades del campo. A nivel de conformación de la vivienda como envolvente se proyectaban las mismas a través de una arquitectura vernacular, utilizando la piedra y la madera del lugar.
A su vez, la implantación refleja una sociedad marcada por su entorno inhóspito, donde el respeto por las vistas se traduce en un juego de volúmenes a diferente cota que conforma una unidad perfecta con la montaña.
Pero, ¿qué sucede cuando un paraje de estas características se convierte en bien de interés cultural. ¿Se pueden armonizar las nuevas necesidades y modos de vida con la conservación de su entorno?.
La composición de la vivienda unifamiliar, definida como conjunto de espacios y aplicación de tecnologías, ha ido cambiando y lo seguirá haciendo, ya que como seres humanos nos seguimos desarrollando, no solo a nivel individual sino como sociedad. Por medio de la globalización, nos vemos afectados por nuevas necesidades y metodologías técnicas, las cuales vamos incorporando de forma inherente a nuestros nuevos modos de vida.
En la actualidad como profesionales, uno de los problemas a solucionar es el de compatibilizar las nuevas técnicas sin degradar a un entorno de gran carga cultura, pero sin que este nos deje paralizados a la hora de actuar. Debemos de intervenir a conciencia sin hacer replicas obsoletas de elementos del pasado que no dan respuesta a las nuevas necesidades presentes o futuras.
Creo que debemos apostar por el “cambio certero”, para lograr mejorar la “conservación” de nuestros bienes y poder generar de esta manera un entorno coherente que revalorice lo existente, sin perjudicar o acotar nuestras nuevas construcciones.



