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REHABILITACIÓN A COSTA DEL ADMINISTRADO
Estos días hemos tenido conocimiento de que se está elaborando el Anteproyecto de Ley de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas. El ministerio de Fomento inició un periodo de información pública y de admisión de alegaciones durante 10 días que finalizó el pasado 21 de Marzo.
En la exposición de motivos del texto se argumenta un futuro muy complicado para el sector inmobiliario y de la construcción. En ella se dice que actualmente existe en España un parque de viviendas sin vender cercano a las 900.000 y hay suelo generado suficiente para absorber la demanda de vivienda nueva durante 45 años, por lo tanto, se entiende que será difícil que el sector inmobiliario y el de la construcción puedan contribuir al crecimiento de la economía española –por lo menos a medio plazo- y a la generación de empleo si continúa basándose, principalmente y con carácter general, en la transformación urbanística de suelos vírgenes y en la construcción de vivienda.
Así, dentro de este contexto, se enmarca este Anteproyecto cuyo fin principal no es otro que el de potenciar la rehabilitación edificatoria y renovación urbanas.
Durante el período de información pública se han presentado numerosas alegaciones al texto, centrándonos en las presentadas por el Colegio Oficial de Arquitectos de Granada.
La primera alegación propuesta hace referencia al límite que establece el artículo 4.2, en relación al deber del propietario de conservar el inmueble. Este deber se extiende al cincuenta por ciento del valor de reposición a nuevo, amenazando con sanciones administrativas e incluso con la expropiación en caso de no asistir al “deber de conservación de la edificación”. Este límite se considera excesivo, ya que en numerosas ocasiones el propietario será incapaz de soportar esta carga.
En este sentido, se propone una modificación de éste límite por niveles, debiendo ocuparse en primer lugar el propietario de aquellos parámetros que afecten a la seguridad de las personas y estableciendo una programación para llevar a cabo el resto de mejores que sea asequible por el propietario.
Además las alegaciones estudiadas se centran en señalar la cantidad de imprecisiones y términos ambiguos que se reparten por todo el texto, tales como las definiciones de infravivienda, valor de reposición o ajustes razonables, conceptos vagos que dificultarán la aplicación de la futura Ley.
Un artículo a tener en cuenta y cuya modificación se ha solicitado en el período de alegaciones por varios Colegios de Arquitectos es el artículo 7.1, que regula la cualificación para elaborar el “Informe de Evaluación”. Este informe podrá ser requerido al propietario en cualquier momento por la Administración y debe acreditar el estado del edificio, por lo menos en lo referente al estado de conservación del mismo y en el cumplimiento de la normativa de accesibilidad.
El texto legal expuesto establece que “podrá ser suscrito tanto por los técnicos facultativos competentes, como en su caso, por las entidades de inspección registradas que pudieran existir en las Comunidades Autónomas”. Se considera que este precepto se extralimita al definir, de forma totalmente imprecisa, qué técnicos son competentes para la elaboración del referido informe, ya que éste ámbito está perfectamente regulado en la Ley de Ordenación de la Edificación, y por lo tanto la remisión a la misma es obligada.
Por último se debe señalar la gran cantidad de normativa que se verá afectada por la nueva Ley. En concreto modifica sustancialmente la Ley del Suelo, la de Propiedad Horizontal, la Ley de Ordenación de la Edificación y el Código Técnico de Edificación.
Uno de los asuntos modificados se refiere a la alteración a la baja de las exigencias de unanimidad y mayorías que las comunidades de propietarios deben respetar para adoptar decisiones sobre diferentes tipos de obras que afecten a elementos comunes o privativos.
En resumen, podemos decir que esta nueva Ley está destinada a resucitar la actividad y el empleo en el sector, cambiando la edificación sobre suelo virgen por el negocio generado sobre viviendas antiguas. Sin embargo, considero que con la galopante crisis que estamos viviendo, es un gran error volcar gran parte de las cargas que generan este negocio en el administrado, que difícilmente podrá afrontar los gastos de rehabilitación de su vivienda.
Eva Martín, Abogada de GRarquitectos
ARQUEOLÓGICO SÍ, MODERNO TAMBIÉN
Cuando hace dos años comenzaron las obras de restauración del Museo Arqueológico Nacional , el edificio sufría todas las deficiencias imaginables. Era un coloso repleto de tesoros, sí, pero un coloso obsoleto, un gigante dormido y anclado en el pasado. Y, sobre todo, un museo incómodo y démodé. No sólo sus magníficas piezas (las damas de Elche y Baza, el tesoro de Guarrazar….) se estaban exponiendo en deficientes condiciones: también se contravenían las más elementales normas de seguridad (incendios, accesos…) en un edificio que comparte estructura con la Biblioteca Nacional (un tercio es museo y el resto Biblioteca), algo que complicaba la rehabilitación del espacio.
Pero por fin ha sonado la hora del renacimiento para el Arqueológico Nacional. El museo, que exhibirá su nueva cara a partir del verano de 2011 pero mostrará al público una de sus remodeladas alas el próximo mes de octubre, presenta ya un aspecto que corta definitivamente con su pasado y entra de lleno en el siglo XXI. Para resolver el espinoso tema de las colecciones y su necesaria reordenación, el Ministerio de Cultura abrió el 3 de agosto un concurso museográfico público que deberá resolverse también en el próximo mes.
El responsable de esta radical transformación es el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade (Madrid, 1957), cuya rehabilitación del Palacio de Carlos V, en la Alhambra granadina, logró el Premio Nacional de Restauración en 1995. Las cifras básicas dan idea de la envergadura del proyecto: el espacio del museo ha pasado de 14.350 metros a 20.510, y el espacio expositivo que existía, 7.300 metros, ha aumentado hasta 9.715. El presupuesto límite es de 35 millones de euros y la fecha de terminación se ha dilatado un año.
El nuevo aspecto del Museo Arqueológico se aprecia ya desde la entrada principal. Se ha mantenido y concedido aún más protagonismo a la bella y protegida escalinata que va a dar a la calle de Serrano en medio de unos de los escasos jardines históricos que se pueden ver en el madrileño barrio de Salamanca. Una de las principales novedades en el lifting del edificio se refiere a los accesos: en el nuevo Arqueológico, el público entrará por unas puertas laterales; éstas confluirán en un espectacular vestíbulo que servirá de punto de encuentro, información y venta de entradas; dos salones de actos para 100 y 200 personas, cafetería, ascensores, rampas para minusválidos y dos salas de exposiciones temporales.
Desde ese vestíbulo, el visitante se adentra en lo que el arquitecto considera como la joya de la obra y su gran apuesta creativa: la recuperación de los patios romano y árabe de 20 metros de altura, 30 de largo y 14 de ancho cubiertos con cristal. Presididos por sus fuentes originales, están rodeados de las salas en las que se exhibirá la colección permanente. Una vistosa escalera interior hecha de madera remata la zona central.
Los materiales empleados en la resurrección del edificio son otro de los capítulos esenciales.En las tres plantas del edificio se ha utilizado madera de Merbau ranurado para las paredes, mientras que los suelos serán recubiertos de mármol travertino. Son materiales que diferencian visualmente estos espacios respecto a otros museos y que no han sido especialmente costosos, según el arquitecto. Juan Pablo Rodríguez Frade explica que ha querido hacer una operación de limpieza del interior: «Mi trabajo ha consistido en depurar, en evitar agregar barreras prescindibles. Me interesa la Museografía que emociona en silencio, que facilita la contemplación. Soy de los que opina que hay que conjurar todos los elementos posibles para que se cree una intimidad total entre la obra contemplada y el público», explica.
Pero conseguir ese ambiente no ha sido sencillo, según el autor de la remodelación: «El ambiente de aparente simpleza se ha logrado con tecnología de última generación que está oculta a los ojos del visitante», explica. Y como ejemplo, señala los cristales que cubren las bóvedas de los patios: unos cristales que experimentan transformaciones en función de la intensidad de la luz y el calor. En caso de incendio, serían los primeros en abrir se de manera automática para expulsar el humo.
Otro de los retos cuya resolución técnica más ha satisfecho el arquitecto es la organización de lo que es actividad pública o privada del museo. El mundo de quienes allí trabajan se cruzaba con la parte expositiva. «Los laterales de las antiguas salas eran espacios ciegos que ahora he podido aprovechar para que las actividades no se mezclen. En la tercera planta está una de las joyas del edificio y ya está ocupada por las 300.000 monedas que integran la colección numismática del museo; las monedas han sido instaladas en estantes metálicos en los que se garantiza una protección eficaz contra el paso del tiempo, algo que no aseguraban las antiguas repisas de cristal.
Los nuevos almacenes pintados en rojo y amarillo acumulan en un orden militar los armarios en los que se guardan las piezas de los numerosísimos tesoros propiedad del museo. La fría temperatura y la tenue luz cumplen las exigencias impuestas por los últimos avances en conservación museística.
Sin duda alguna, uno de los principales alardes arquitectónicos es el practicado en la biblioteca del edificio, en el espacio abuhardillado, donde metal, madera y cristal crean un espacio que recuerda las estaciones ferroviarias parisienses. Los fondos documentales de los tesoros del museo se instalarán aquí, protegidos de polvo y luz.
En la azotea del edificio confluye la maquinaria que da vida al edificio. Las espléndidas vistas sobre el centro de Madrid se mezclan con el cableado regulador de las necesidades vitales del museo. Todo un mundo que habla de una brutal transformación tanto del aspecto interior como exterior del edificio.
Para el arquitecto y su equipo, las obras han entrado ya en una etapa en la que se nota por fin como las piezas van encajando, y el resultado está próximo. «Ha habido momentos en los que aquí han trabajado simultáneamente 30 empresas diferentes, cada una con un cometido específico», recuerda Rodríguez Frade, «parecía un milagro que no hubiera encontronazos. ¿Lo más difícil? Hacer todo este trabajo mientras que el museo seguía abierto al público. Sólo se ha cerrado durante el verano».
Como testigos mudos de las palabras del arquitecto, en una de las salas de la planta baja, perfectamente embaladas, se acumulan algunas de las piezas más valiosas del museo. Las damas de Baza y Elche no se distinguen ahora de las momias egipcias o esculturas griegas y romanas que centran la atención del público. Se despojarán de sus peculiares camisas de fuerza a finales de octubre para una selectiva muestra de los fondos. La colección permanente tendrá que estar preparada para el próximo verano.
Antes de la obra, el MAN reunía todas las deficiencias de espacio y seguridad
El nuevo museo abrirá sus puertas al público en el verano de 2011
Publicado en El País por Ángeles García el día 11 de septiembre de 2010


