Mostrando artículos por etiqueta: fauna
SIERRA NEVADA, UN LABORATORIO DE EXCEPCIÓN PARA EL CAMBIO GLOBAL (VII). Fuente de recursos
Con este pequeño artículo damos por finalizada esta serie dedicada al fantástico trabajo que están realizando desde el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada, esperamos haberos acercado esta labor, y animamos a todos a que echéis un vistazo a su página web ( http://obsnev.es/ ), donde podrán encontrar ya las primeras publicaciones de resultados.
El medio socioeconómico es un elemento clave, junto con el natural, para la caracterización de cualquier ámbito territorial, y por supuesto de Sierra Nevada, por tanto desde el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada se han desarrollado diferentes metodologías para obtener la información necesaria que permita caracterizar las necesidades y demandas de recursos naturales que tienen los distintos núcleos urbanos de Sierra Nevada.
También es importante cuantificar en qué medida los sistemas naturales pueden o no satisfacer dichas demandas, o lo que es lo mismo los servicios ecosistémicos que los sistemas naturales pueden suministrar a la población.
Los principales datos estudiados son población, empleo, actividad económica, explotaciones agroganaderas, explotaciones tradicionales abandonadas, empresas asociadas a la existencia de Sierra Nevada por sectores, etc….El estudio de todos estos datos no solo sirve para cuantificar los servicios ecosistémicos, sino que también pueden mostrar en qué medida el cambio climático puede afectar al mantenimiento de las formas de vida asociadas a Sierra Nevada de los diferentes pueblos de la zona.
La evaluación del servicio de regulación hídrica en Sierra Nevada es de de gran importancia, ya que es una de las principales aportaciones de la montaña a las diferentes poblaciones, y que podría verse gravemente afectado por el cambio climático. Además los cambios de los usos de suelo también pueden suponer un factor que incide en la capacidad del territorio para regular el agua.
Por último se estudia la huella humana en Sierra Nevada. Este concepto viene a cuantificar el grado de presión que los ecosistemas están sufriendo como consecuencia de la actividad humana y el impacto que suponen. Esta se estudia mediante la cuantificación de diversos aspectos del desarrollo humano, como los asentamientos (densidad de población y viviendas), accesibilidad (infraestructuras de trasporte tradicional y moderno) e Infraestructuras (tendidos eléctricos y usos de suelo.)
Natalia Palomares Aliaga. Geógrafa e Historiadora de GRarquitectos y Desarrollo de Ciudades Comprometidas
SIERRA NEVADA, UN LABORATORIO DE EXCEPCIÓN PARA EL CAMBIO GLOBAL (VI). LOS MORADORES DE SIERRA NEVADA
Uno de los principales efectos del cambio climático es su incidencia sobre la biodiversidad, y en Sierra Nevada estos impactos son mayores al tratarse de un macizo aislado, que alcanza unas altitudes muy elevadas y el más meridional de Europa, además de encontrarse en un punto de transición entre dos comunidades biogeográficas. Los principales aspectos a considerar son los cambios en la fenología (atraso o aceleración de las funciones vitales de plantas y animales, o alteración de sus relaciones y competencias por las alteraciones ene l clima impuestas por el cambio climático). Cambios altitudinales en la distribución y abundancia de las especies (las especies, motivadas por el cambio global, irán colonizando progresivamente cotas altitudinales más elevadas, y que los organismos de pisos superiores pueden extinguirse a nivel local o incluso global.). Cambios latitudinales en la distribución y abundancia de especies (significa que la distribución de las especies cambiará en sentido norte sur. Sierra Nevada constituye el límite más meridional de algunas especies, que desaparecerán migrando más al norte, y ya se han comprobado la presencia de especies propias de latitudes más cálidas en el sur de la Península Ibérica y en concreto en Sierra Nevada). Cambios en interacciones ecológicas: en Sierra Nevada se ha podido comprobar la expansión de algunos insectos gracias al aumento de las temperaturas en determinadas cotas, como la porcesionaria del pino.
Por otra parte se está llevando a cabo el proyecto GLORIA (Global Observation Research In Alpine Enviroments), iniciado en 2001. Este proyecto pretende principalmente evaluar las posibles pérdidas de biodiversidad en zonas de alta montaña así como la vulnerabilidad de estos ecosistemas ante el cambio climático. Las especies estudiadas son el pastizal y el enebral-piornal.
Se estudian muchas formaciones como los Bosques autóctonos y matorrales de media y alta montaña, la Vegetación de Ribera y los Borreguiles. Estos últimos son pastos húmedos de alta montaña, que están muy condicionados por la existencia y temporalidad de la nieve, este ecosistema, por su importancia se lleva estudiando desde los años 80, y se ha calificado como indicador del proceso de cambio climático, por la cantidad de datos que de él se tiene y por su sensibilidad a los cambios ambientales. Algunas especies estudiadas son endemismo, que están en peligro de extinción como la arenaria nevadensis.
Por otra parte todas las especies de fauna han sido sometidas a un seguimiento con el fin de evaluar de forma preliminar los efectos del cambio global y analizar el conjunto de amenazas. Así como la gestión adaptativa, proponiendo medidas de gestión que contribuyan a mitigar el impacto de los efectos del cambio global sobre sus poblaciones.
Para el seguimiento de la población del jabalí y de la cabra montés, se realiza un monitoreo del estado poblacional y sanitario, se realizan censos y se llevan a cabo medidas para su conservación y manutención de la población, en rangos sostenibles.
Se evalúan las tendencias poblacionales, patrones de distribución y abundancia y selección de hábitats de algunos micromamíferos de Sierra Nevada como el topillo nival, la rata de agua o el topo ibérico y de mamíferos carnívoros como el zorro, el tejón o el gato montés. Así como a aves y rapaces, como el aguililla cazadora, que se reproduce en Sierra Nevada.
También se siguen las poblaciones de anfibios y reptiles, entre las que destacan poblaciones de endemismos del sudeste ibérico como el sapo partero bético. Respecto a los reptiles existen unas 20 especies sometidas a seguimiento, entre ellas la culebra lisa europea. También se estudian antrópodos y especies importantes como la procesionaria del pino, que tienen unas necesidades climáticas muy concretas.
Por último se llevan a cabo modelos de distribución potencial de especies y proyecciones futuras. El objetivo es simular cambios en la distribución geográfica de las especies de flora y fauna en Sierra Nevada según distintos escenarios de cambio climático, para obtener datos con los que mejorar los planes de gestión adaptativa del espacio natural protegido.
Natalia Palomares Aliaga. Geógrafa e Historiadora de GRarquitectos y Desarrollo de Ciudades Comprometidas
DONDE DIJE DIEGO…
No quisiera parecer presuntuoso, pero he vivido tan de cerca la elaboración del nuevo Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias que corro el riesgo de ahogarme en un mar de chismes y asuntillos. Intentaré, por eso, reprimirme con el firme propósito de hilvanar algo sensato y razonable -o al menos entendible- que pueda servir para acercar al lector al problema generado en Canarias.
Podría empezar diciendo que el sueño de un funcionario recién ascendido al que le gustaban los insectos, acabó por convertirse en la pesadilla insular de la flora y de la fauna. Como lo oyen.
Les estoy diciendo que el nuevo catálogo de especies amenazadas aprobado por el Gobierno de Canarias es, de alguna manera, hijo del exceso de celo de un señor con la cabeza llena de mariposas y escarabajos que muy probablemente actuó de buena fe. Pero como ya se estarán imaginando, la cosa no quedó ahí.
Después de algunos años de trabajo, en los que decidió aplicar a todas las especies del Archipiélago el mismo rasero que él pensaba que otros habían aplicado antes a sus queridos artrópodos, nuestro amigo hizo público un grueso informe. En su obra venía a vengarse de tantos años de “maltrato” e “ignominia” hacia esos bichos carentes de columna vertebral que tantas alegrías habían dado a su existencia.
Otros -bastante menos propensos a esa visión paranoica de la situación- lo vimos entonces como una desacertada opinión que eliminaba de un plumazo a la mitad de las especies amenazadas que merecían ser consideradas como tales en Canarias, y un paso atrás que no debía consentirse.
A nuestro juicio, el celoso funcionario no había entendido bien que el ser humano se preocupa preferentemente de aquello que le produce emoción, y que la estadística nos dice que en una lista de elementos para salvar de la quema se antepondrá siempre un oso panda a una lombriz de tierra, un ave del paraíso a un nematodo, o cualquiera de ellos a una bacteria del género Salmonella.
Es una cuestión de escala, de proximidad evolutiva y de optimización de recursos que sólo nuestro amigo y otros tipos raros (aunque entrañables) no comprenderían… Para entendernos pondré un ejemplo: cuando quieres proteger a un elefante debes conservar el sitio donde vive, y entonces de paso también estarás protegiendo a las hormigas que circulan a su alrededor y a los nematodos que retozan en su ano. Algunos denominan a este proceder “conservación de especies bandera”.
El problema de las especies en peligro de extinción radica en que son muchas más de las que imaginamos y que, por cuestiones prácticas, los catálogos de Especies Amenazadas (así, con mayúsculas) sólo incluyen aquellas para las que existe una probabilidad elevada de que dejen de estar entre nosotros en un plazo de tiempo breve. Además, siempre tendrán prioridad aquellas que pueden ejercer de paraguas para otras muchas.
Para entrar en el triste club de las especies amenazadas, los animales y plantas evaluados deben ajustarse a unos criterios elaborados por los que saben de estos asuntos (les recomiendo leer IUCN, 2002). Si eso ocurre, el bicho o la planta pasará a estar “catalogado” y requerirá de un plan de recuperación concebido para sacarlo de esa lista roja.
Obviamente, esos planes de recuperación requieren que la administración competente realice un desembolso más o menos importante, y en un archipiélago como el Canario, en el que centenares de endemismos se encuentran al borde del abismo, la factura termina siendo bastante abultada.
Los criterios establecidos por los expertos pretenden ser objetivos. Pero si bien es cierto que casi nadie duda de esa objetividad, la selección de unas pautas en vez de otras es, en sí mismo, un ejercicio mayúsculo de subjetividad. Y ahí radica la clave de todo este embrollo: el informe del amable funcionario que sólo quería resolver un pequeño entuerto, se encontró sin pretenderlo con una excelente acogida de la clase política, que encontró por fin una razón supuestamente objetiva para redirigir presupuestos. Se trata, como deben haberse percatado ya, de una trampa. Pero tampoco quedó aquí la cosa…
Durante algunos años (los que van de 2004 a 2007) el fantasma del nuevo catálogo canario voló sobre la cabeza de los responsables de la conservación en España. Como el Guadiana -el Guadiana del siglo XIX, se entiende, porque el de ahora va seco hasta Ciudad Real-, el catálogo salía a la superficie de vez en cuando, para desaparecer poco después. Era el culebrón de verano.
En 2007 hubo elecciones regionales, y al nuevo gobierno salido de las urnas le preocupaba especialmente la paralización de su proyecto estrella: el puerto de Granadilla de Abona. La nueva terminal de contenedores situada en el sur de Tenerife pretendía resolver los problemas logísticos del Archipiélago, aligerando el abigarrado puerto de Santa Cruz y liberando de paso buenos terrenos junto al mar… ¡en el mismísimo centro de la capital!
Con la información que dispongo no puedo asegurar que no se necesite un nuevo puerto en una superpoblada isla de Tenerife, pero de lo que no me cabe duda es que todo este asunto despide un tufillo a especulación y pelotazo que hace temblar a cualquier persona bien nacida.
Y entonces ocurrió: alguna mente lúcida recordó que circulaba por ahí la propuesta de de nuestro bienintencionado funcionario. Y ni corto ni perezoso, la rescató para aligerar el elenco de especies amenazadas, eliminando de paso los pequeños escollos medioambientales que entorpecían la viabilidad de algunas obras, incluidas las del puerto de Granadillla. Y para darle un toque dramático a la situación, se le ocurrió sacar a la palestra al funcionario, para que cantara las alabanzas del megapuerto.
Pero el funcionario sólo quería que sus bichos no sufrieran, y rechazó la invitación por parecerle estúpida. Por eso fue fulminantemente cesado y ahora se dedica a resolver menesteres grises que nada tienen que ver con los insectos… Mala suerte amigo.
El Gobierno de Canarias ha querido hacer trampas y ahora no sabe cómo salir del atolladero. En estos momentos nos encontramos ante un proyecto portuario medio paralizado por la Justicia y con un catálogo de especies amenazadas todavía supeditado a una ley nacional, que sigue amparando a todas las especies defenestradas. Para colmo, los canarios están muy cabreados.
No sé cómo acabará toda esta historia. Ni siquiera sé si Canarias necesita (o no) otro puerto de contenedores como el que se nos propone. Sin embargo, cada vez estoy más y más convencido de que cualquier decisión importante que tomemos en los años venideros deberá ser generosa, alejándose lo más posible de esos fabricantes de burbujas que especulan con nuestro maltrecho y superpoblado mundo.
Por José Antonio Mateo Miras. Ex Director del Centro de Recuperación del Lagarto Gigante de La Gomera


