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El tinao. Puente de Solidaridad
Por Santiago Salas Martín. Arquitecto
El tinao es, sin duda, el elemento más representativo y singular de la Alpujarra, muestra la sinceridad de su arquitectura a través de sus materiales y técnicas constructivas, y nos enseña que la necesidad agudiza el ingenio e incrementa la solidaridad entre vecinos, puesto que, además de ser un espacio mágico en el que los límites entre lo público y privado se diluyen, permite que el vecino de la casa de cota superior tenga acceso directo al terrao de la vivienda de cota inferior y pueda disfrutar de él.
En la sociedad actual, en la que ni siquiera conocemos el nombre de los vecinos de nuestra escalera, esto es un aspecto que nos resulta cuanto menos llamativo y nos dice mucho del carácter de su gente.
Actualmente, la mayoría de estos pueblos se están dotando de planeamiento urbanístico con contenido de protección, para preservar su arquitectura tradicional, sus valores paisajísticos, naturales y etnológicos. Entre las medidas adoptadas por los planes urbanísticos está la elaboración de un catálogo de elementos protegidos. En los seis municipios, en los que el equipo de GR arquitectos está trabajando, hemos inventariado y protegido 285 viviendas con tinaos y porches, y a alguno de ellos le hemos dado el mismo grado de protección que a las iglesias del lugar.
Nuestra labor profesional en estos pueblos es algo complicada y requiere de una gran labor didáctica. Es difícil explicarle a alguien no iniciado en materia de urbanismo, que para poder construir una casa en la parcela que heredó de sus padres, tendrá que ceder terrenos por ejemplo para espacios libres, cuando a menos de 5 minutos andando puede disfrutar de los mejores “jardines” y paisajes que el hombre es capaz de realizar, como son los huertos abancalados.
Creo que las medidas de protección que las administraciones están promoviendo para la preservación de los valores de esta tierra (como por ejemplo la declaración del Conjunto Histórico del Barranco del Poqueira o la del BIC Sitio Histórico de la Alpujarra Media y La Tahá), debe llevar aparejada otras iniciativas de apoyo y ayuda para que la gente que vive este lugar tome conciencia del extraordinario patrimonio que, sin saberlo, están gestionando, sin sentirse perjudicadas y asfixiadas con tantísima restricciones a las que se están viendo sometidos.
La arquitectura en su entorno
Por Rocío Martín Bautista. Estudiante de Arquitectura
Pensar en La Alpujarra, es pensar en una forma de hacer arquitectura, de hacer paisaje, donde con pocos elementos tienen la capacidad de crear un espacio enriquecedor. Y no es la repetición de estos lo que cualifica estos espacios, sino el modo en cómo son utilizados, no se trata de la imposición de un modo de asentamiento en un lugar, sino de la búsqueda de un sistema que se adecue al territorio que lo rodea, que cumpla con las necesidades del hombre y se acomode a las características del paisaje.
Recorrer estos pequeños núcleos urbanos creados por el hombre apoyándose en los elementos que ya posee el sitio, constituye toda una experiencia. Todo parece haber sido pensado en virtud del entorno y en virtud del paisaje que se crea: un muro lo suficientemente bajo para poder asomarnos al lugar, las estrechas calles que enmarcan el entorno como si de una fotografía se tratase, un hueco que traslada la vida doméstica a la calle, las chimeneas como pequeños hitos que salpican el paisaje, y esa capacidad de lo construido de adecuarse a lo existente que hacen que cada elemento a pesar de repetirse una y otra vez (la cubierta de launa, la chimenea, el tinao, …) sea diferente al anterior y nos aporte una nueva sensación, una nueva mirada, una nueva impresión. Parece como si cada pequeña pieza encajase en el lugar que le corresponde al servicio del conjunto que le rodea, y la suma, una a una, buscando la armonía con la anterior y con el lugar en el que se asienta, parece ser la fórmula del equilibrio entre el entorno y la arquitectura, y todo ello sin perder el carácter funcional para el que fue pensado y construido cada elemento, cada pieza.
Es posible en La Alpujarra contemplar el paisaje desde el entorno urbano, y es posible lo contrario, contemplar el entorno urbano desde el paisaje. Se crean perfectas transiciones entre el entorno, el espacio público y lo construido, porque ha sido necesario entender primero el espacio en el que el hombre se asentaba para luego dar respuesta a sus necesidades, y así paisaje urbano y paisaje natural conviven en sintonía.
Parece que hemos olvidado esta forma de crear ciudad, crear elementos que cualifiquen el entorno y se asienten desde el respeto al sitio que es ocupado. La ciudad de hoy no está pensada para ser recorrida, mirada, vivida, … secuencia de piezas para ser habitadas en su espacio interior, donde no se cualifica el espacio exterior, el espacio público, el entorno, porque hemos obviado tener presentes las cualidades que éste nos aporta.


