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Lima es una ciudad de más de 9 millones de habitantes dónde las construcciones informales son habituales, levantadas por las propias comunidades de moradores. En esta macrociudad con un crecimiento orgánico y desordenado, se ha puesto en marcha una nueva experiencia de renovación urbana, a nuestro parecer muy interesante.

Ciudad de Lima. Fuente: plataformaurbana.com

Se denomina «Barrio Mío». Es una programa de iniciativa municipal, que intenta involucrar a los vecinos en la creación y recuperación de espacios públicos urbanos en la zona de laderas, asesorados por personal técnico de la municipalidad. El programa es muy llamativo, ya que fomenta espacios de reflexión y autogestión, para transformar desde dentro los barrios, involucrando a sus habitantes y a todos los agentes públicos y privados, para generar un crecimiento ordenado y sobre todo una integración urbana. Además estos nuevos centros de confluencia, adquieren un nuevo significado, a la vez que se intentan integrar con el paisaje.

Ciudad de Lima. Espacio público finalizado. Fuente: plataformaurbana.com

Uno de los proyectos llevados a cabo, en consenso con la comunidad, fue la regeneración de una zona deteriorada del barrio, y la creación un espacio central, que hiciese de conector y punto de encuentro de la barriada. Así se crea una nueva plaza/parque, con la colaboración de todos lo vecinos, reutilizando infraestructuras existentes, pero en mal estado y sin apenas uso, para convertirlo en una zona amable con espacios superpuestos para diferentes usos.

Desde «La Ciudad Comprometida» hemos querido hacernos eco de este proyecto, para resaltar la importancia de involucrar a la ciudadanía en la regeneración urbana, y en la toma de decisiones, ya que es de suma importancia que se generen procesos de apropiación de los espacios públicos para que estas dotaciones lleguen verdaderamente a tener un sentido y un uso social y comunitario.

Para saber más de este programa pincha aquí.

Publicado en La Ciudad Comprometida
Jueves, 18 Marzo 2010 09:34

DECLARACIÓN EN DEFENSA DE LA VEGA DE GRANADA

Cartel de las jornadas.
Cartel de las jornadas.

Hoy han comenzado las “Jornadas sobre el Patrimonio, el Paisaje y la Sostenibilidad en la Vega” organizadas por la Asociación de Alumnos por la Ciencia, la Cultura y el Deporte (ACICUDE) y el Seminario de Medio Ambiente y Calidad de Vida – Cátedra José Saramago. Estas jornadas finalizan el próximo sábado día 20 y en ellas participan Alberto Matarán Ruiz, Miguel Ángel Sánchez del Árbol, José Miguel Reyes Mesa y Juan Carlos García de los Reyes, entre otros.

Dentro de este marco, se va a presentar el borrador de la ‘DECLARACIÓN EN DEFENSA DE LA VEGA DE GRANADA’ que ha sido elaborado por los centros educativos de la provincia y está vinculada al proyecto Vega Educa que apoya la UGR y, desde este blog de ‘La Ciudad Comprometida’, te la presentamos como primicia.

Esta Declaración que ya ha sido firmada por el escritor José Saramago, el cantante Miguel Ríos, el político Federico Mayor Zaragoza, el periodista medioambiental Joaquín Araujo o el poeta Luís García Montero, se presentará en sociedad para conseguir un mayor apoyo, el próximo 22 de abril con la celebración de la primera Eco-Marcha por la Sostenibilidad de la Vega, que recorrerá cien centros educativos desde Loja a Granada, y que contará con la presencia de la esquiadora María José Rienda y posiblemente del ciclista Alberto Contador.

Las conferencias se están celebrarando en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada (UGR).

Declaración en Defensa de la Vega de Granada

TERRITORIO AGRARIO Y NATURAL, PATRIMONIO MATERIAL E INMATERIAL

El vasto territorio provincial y, en especial, las Vegas de Granada, son un regalo generoso de la naturaleza que las civilizaciones que poblaron estas tierras han sabido enriquecer y dinamizar. Históricamente esta conjunción entre personas-naturaleza ha dado alimento y bienestar a las gentes de Granada a lo largo de la Historia.

Nuestro variado patrimonio cultural está presente en gran cantidad de obras científicas, literarias, pictóricas, y, especialmente, en la conciencia de los habitantes de Granada que han compartido su Vega, junto a Sierra Nevada y, posteriormente, la Alhambra, como grandes señas de identidad.

Sin embargo en la Vega de Granada el insostenible modelo de desarrollo actual ha desarticulado este vínculo secular y deja como resultado la destrucción de suelos, paisajes, vegetación, patrimonio poniendo en peligro el necesario equilibrio ecológico y la rica biodiversidad vegetal y animal que posee. Este proceso de degradación ambiental contradice el espíritu de nuestras leyes que defienden, entre otras cuestiones, políticas orientadas «a la protección del medio ambiente, la conservación de la biodiversidad, así como de la riqueza y variedad paisajística de Andalucía, para el disfrute de todos los andaluces y andaluzas y su legado a las generaciones venideras» (art.195 del Estatuto de Autonomía de Andalucía, 2007).

El tiempo de acción y el sentido común se imponen, por ello pedimos que se tomen las medidas necesarias para buscar equilibrios capaces de dinamizar y proteger nuestra Vega, armonizando actividad económica y valores ambientales y sociales, desde la necesaria sostenibilidad.

Nuestra Vega constituye, en definitiva, un patrimonio cultural que debe ser defendido ahora para que pueda ser heredado por las generaciones futuras.

El Albayzin visto desde la Alhambra.
El Albayzin visto desde la Alhambra.

Nuestra amiga y colaboradora Carolina Roero Gutiérrez, Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y Gestora Deportiva, nos ha enviado este artículo referente a la publicación de un nuevo libro que trata sobre el Albayzin. Este volumen, obra de Julio César Cabrera Medina, reflexiona sobre la re-construcción del Albayzín, el modelo para interpretar el cambio social en un entorno urbano, la economía, la heterogeneidad cultural, o el espacio de ocio, entre otros aspectos.

“La re-construcción material y simbólica del espacio urbano. El Albayzín de Granada, patrimonio de la humanidad”es el título del libro de Julio César Cabrera Medina, publicado por la Editorial de la Universidad de Granada, este libro aparece en la colección ‘Biblioteca de Ciencias Políticas y Sociología’ que dirige el profesor Juan Montabes Pereira.

El Albayzín ha sobrevivido porque las características de su asentamiento geográfico, adecuadas para la época que lo vio nacer y crecer, y la significación social negativa atribuida hasta época reciente, lo dejaron al margen de la modernidad del desarrollo urbanístico e industrial. “El barrio fue centro histórico de alto componente afectivo y simbólico, pero en la actualidad es más histórico que centro, y su ubicación en la colina, así como la re-valorización de este tipo de espacio urbano, lo sitúa como objeto de estudio para el análisis de los complejos procesos de transformación social”, dice el autor, Julio César Cabrera Medina, quien asegura, por otra parte, que “es precisamente este abandono y posición marginal al desarrollo de la ciudad lo que ha permitido su conservación-transformación. Al quedar al margen de los planes urbanísticos de remodelación de la ciudad se ha conservado, pero también al quedar fuera de ellos el Albayzín ha sido construido por los propios albayzineros, como ha reconocido la UNESCO al nombrarlo Patrimonio de la Humanidad”.

El Bajo Albayzin.
El Bajo Albayzin.

Nuevo mito de ciudad

El Albayzín ha reunido las condiciones para convertirse en un nuevo mito de la ciudad  -aspecto éste al que el autor dedica especial atención-  al manifestar lo que ésta ha sido, en su patrimonio, en sus hábitos sociales y ciudadanos, representando su pasado, su presente y su futuro.

Según el autor de este libro: “El mito Albayzín presenta diferentes rasgos fundamentales: el componente mítico de su población homogénea, el mito administrativo, el mito económico y el mito de las relaciones comunitarias”.

En este contexto y durante las últimas décadas, el sentir generalizado de los granadinos  -siempre según Julio César Cabrera- es que el barrio se encuentra en muy mal estado, en situación de profundo abandono y deterioro. La presencia continua en los medios de comunicación contribuye a difundir esta imagen, fortaleciendo el mito y uniendo a los habitantes de la ciudad que reclaman su recuperación.

“El mito Albayzín  -continúa el autor del libro- queda establecido como una determinada forma de organización social inexistente pero con repercusiones sobre la realidad ya que simplifica la complejidad y permite actuar sin necesidad de  replanteárselo todo de nuevo. El mito se constituye en una vacuna contra el temor que inspiran los imprevistos cambios sociales que afectan a las relaciones de proximidad física, de apoyo mutuo, de interacción cotidiana que se transforman en las actuales formas de relación social”.

Publicado en Noticias y Actualidad
Martes, 22 Diciembre 2009 08:16

Sin gente, las plazas se mueren

Por Sergio Montero, investigador granadino en el Departamento de Planificación Urbana y Regional de la Universidad de California, Berkeley (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)
Concentración en la Plaza del Carmen el pasado 27 de noviembre.
Concentración en la Plaza del Carmen el pasado 27 de noviembre.

Dentro de poco y gracias a la Ordenanza de la Convivencia, en vigor desde el pasado 11 de noviembre, Granada va a contar con unos espacios públicos fundamentados en un “uso racional y ordenado” (art. 71 de la Ordenanza). Y yo me pregunto: ¿y quién los quiere?

Los términos ‘racional’ y ‘ordenado’ asociados a la ciudad nunca han sido grandes aciertos. Ahí tenemos a Brasília, la capital de Brasil, uno de los mejores ejemplos de ciudad racional y ordenada y, sin duda, una de las ciudades más aburridas e inhóspitas del mundo. Brasília se inauguró en 1960 tras cuatro años de trabajo dirigidos por el arquitecto Oscar Niemeyer y el urbanista Lucio Costa, dos de los mayores representantes de la arquitectura modernista y racional de mediados del siglo pasado. Brasília es una utopía urbana de hormigón con bloques de apartamentos equidistantes entre sí en la que las viviendas fueron concebidas como “máquinas para vivir” y los espacios públicos se reservaron para autopistas y parques geométricos. El espacio público de Brasília, fundamentado en la idea de orden y racionalidad, poco aporta a la persona que observa la ciudad desde la calle y no desde el mapa. Tras una breve visita a la capital brasileña, la filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir escribió de Brasília que más que una ciudad parecía una maqueta a tamaño real, una ciudad que nunca tendría alma ni carne y a la que le faltaba la espontaneidad y mezcla caprichosa de calles que da vida a otras ciudades.

Avda. Luis Miranda Dávalos en el Distrito del Beiro (Google Maps).
Granada: Avda. Luis Miranda Dávalos en el Distrito del Beiro (Google Maps).

La ciudad cuadrada de bloques de hormigón y parques de cemento no es, por supuesto, exclusiva de Brasília. Tampoco es algo nuevo que vaya a traer la Ordenanza de la Convivencia a Granada. Sólo hay que darse un paseo por los nuevos desarrollos urbanísticos del Distrito del Beiro, cerca del C.C. Alcampo, o por los nuevos bloques de pisos en las afueras del Zaidín o la Zona Norte para ver esa Granada de plazas amplias sin árboles y de bancos vacíos en donde no hay quien pare una tarde de agosto. Pero no, la Ordenanza de la Convivencia no viene a modificar el aspecto físico de los nuevos espacios urbanos en Granada sino algo más importante: la dimensión social del espacio público existente.

El espacio público tiene dos aspectos inseparables entre sí: la dimensión física – calles, plazas o mobiliario urbano – y la dimensión social o, dicho de otra manera, el uso que los ciudadanos hacen de él. Es por ello que la calidad del espacio público urbano no puede medirse sólo en términos físicos, de diseño urbano o de orden aparente. La calidad del espacio público de una ciudad se mide también por la cantidad, intensidad y calidad de las relaciones sociales que es capaz de promover así como por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos ciudadanos que de otra manera nunca se encontrarían en espacios privados. En otras palabras, el espacio público no es un elemento pasivo diseñado para su admiración, conservación e idolatría sino uno de los elementos más importantes con los que cuenta la ciudad para promover de manera activa la integración social y cultural de sus ciudadanos así como para la identificación y construcción de identidades colectivas. La Ordenanza de la Convivencia de Granada atenta precisamente contra este aspecto social e integrador del espacio público porque regula y sanciona de forma excesiva las interacciones y encuentros en el espacio público y porque criminaliza y sanciona a los grupos sociales más vulnerables de nuestra ciudad – mendigos y prostitutas – en lugar de buscar soluciones para promover su integración. De esta manera bajo la excusa de un supuesto orden y civismo, el espacio público en Granada no sólo se convertirá en un espacio físico estéril, elitista e hiper-regulado sino que contribuirá a aumentar la fragmentación social de la ciudad.

La Ordenanza prohíbe y sanciona, por ejemplo, la actuación de mimos, músicos y artistas en la calle, dejando “a juicio de la Policía Local” la capacidad de decidir si estos están causando molestias inadmisibles (art. 20). Esta prohibición es, sin embargo, sólo el principio de una larga lista que incluye, entre otras, la prohibición de “la ostentación pública de embriaguez” (art. 23), poner carteles y anuncios en la calle así como repartir octavillas (art. 38), la práctica espontánea de juegos en el espacio público así como acrobacias, patines y monopatines (art. 46), la mendicidad (art. 50), la prostitución (art. 54), escupir en la calle (art. 57), consumir bebidas alcohólicas en la calle, tanto si es en un botellón como si se consume una lata de cerveza individualmente en la calle, o también en caso de que la forma de beberla “se exteriorice en forma denigrante para los viandantes” (art. 71), verter agua en la calle como consecuencia de regar las plantas así como cualquier tipo de residuos por sacudir ropa o una alfombra (art. 72), ruidos o cualquier clase de molestia proveniente de mover muebles o reparaciones domésticas no sólo entre las 23 y las 7 horas sino también entre las 15 y 17 horas (art. 95), cualquier tipo de “actuaciones que puedan ensuciar o deslucir, por cualquier método, la vía o los espacios públicos o que sean contrarias a la limpieza, a la estética, a la integridad física y al valor económico de los elementos de propiedad pública instalados en la vía o en los espacios públicos” (art. 104), “tirar chicles sobre el pavimento o el suelo”, “seleccionar, clasificar y separar cualquier material residual depositado en la vía pública” así como “arrojar colillas de cigarros” (art. 105). Y así hasta un total de 183 artículos. Como colofón, la Ordenanza otorga al Ayuntamiento el derecho de establecer horarios de apertura y cierre para cualquier espacio público o jardín de la ciudad (art. 83).

Como ya afirmó en su época la urbanista y activista Jane Jacobs en una de las obras más influyentes en la práctica del urbanismo contemporáneo, The Death and Life of Great American Cities, las políticas de planificación racionalistas del espacio urbano representan la mayor amenaza a la vida y al día a día de comunidades y vecindarios urbanos. En su lugar, estas políticas producen espacios estériles, aislados y antinaturales porque rechazan al ser humano y la complejidad y caos aparente que nos caracteriza. Sólo hay que echar un vistazo a la Historia y a la geografía mundial para observar que las ciudades y barrios más emblemáticos son precisamente aquéllos que han surgido de manera endógena y no por decisiones racionales impuestas desde arriba. El Greenwich Village de Nueva York, que Jane Jacobs defendió hasta la muerte frente a la planificación racionalista del entonces alcalde Robert Moses, es un buen ejemplo de ello, así como Montmartre en París, el Bairro Alto lisboeta o nuestro propio Albayzín. La Historia y la geografía muestran que las utopías urbanas basadas en el orden y el racionalismo nunca han funcionado ¿Quién prefería vivir en Brasília teniendo el privilegio de escoger cualquier otra ciudad de Brasil? Yo desde luego preferiría escuchar los ruidos de Río de Janeiro y la música de su Carnaval antes que disfrutar del silencio y orden de las calles de Brasília.

La pérdida de la función integradora y social del espacio público viene en Granada acompañada con otro tipo de interpretación del espacio público, una interpretación basada en la criminalización de individuos y minorías vulnerables que no comparten las actitudes y valores de la mayoría. En este sentido, la Ordenanza de la Convivencia tiene elementos similares a leyes anteriores a la democracia tales como la Ley de Vagos y Maleantes que durante la época franquista persiguió y criminalizó a vagabundos, homosexuales y otros individuos considerados “anti-sociales”.

La buena noticia es que el espíritu de participación ciudadana de Granada ha aflorado en la capital como reacción a la entrada en vigor de la Ordenanza, tanto a través de manifestaciones en el espacio urbano como en internet. Nuevos grupos en facebookpáginas web, posts en diferentes blogsdocumentales, artículos en El País, IdealGranada Hoy y otros medios de comunicación han mostrado que la ciudadanía granadina está viva y que reclama su derecho a participar en la construcción del espacio público y las leyes que lo regulan. En facebook, por ejemplo, a día 17 de diciembre, el grupo creado en contra de la Ordenanza de la Convivencia contaba ya con casi 7.000 miembros. Por otro lado no hay que olvidar que el establecimiento de ciertas normas, formales o informales, es imprescindible para la convivencia en cualquier tipo de espacio, ya sea público o privado. Sin embargo, las prohibiciones y sanciones previstas en la Ordenanza de la Convivencia van más allá y atentan contra la propia dimensión social del espacio público.

Como apunta Domenico de Siena en un artículo reciente que ha aparecido simultáneamente en el blog andaluz La Ciudad Viva y en el blog Ecosistema Urbano“el espacio público ha dejado de ser un espacio de oportunidad para la colectividad, sus administradores parecen considerarlo exclusivamente como un espacio problemático y solo actúan para vaciarlo y prevenir cualquier tipo de problema, limitando todo tipo de actividad espontánea de los ciudadanos”. Estas ideas predicen con una precisión casi dramática los cambios que se están produciendo en el espacio público granadino en los últimos años.

Granada, la ciudad donde todo está prohibido.
Granada, la ciudad donde todo está prohibido.

En definitiva, ¿cuál es la ‘racionalidad’ y ‘orden’ que se pretende imponer a los espacios públicos granadinos? ¿Calles cuadradas y parques vacíos y silenciosos? Tal vez deberíamos entonces tirar abajo el irracional Albayzín y el centro de Granada y construir en su lugar bloques grises de apartamentos, urbanizaciones de casas idénticas y parques esterilizados. La pregunta es, de nuevo, ¿quién quiere esos espacios y qué tienen de original? ¿Quién quiere una Granada estéril, racional y con plazas vacías y silenciosas que sólo se ensucien de cera en Semana Santa? Tal y como recordaron cientos de ciudadanos granadinos en la Plaza del Carmen el pasado 27 de noviembre: sin gente, las plazas se mueren. Sin plazas y espontaneidad, la ciudad se muere también.