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En apenas un fin de semana, algo estirado eso sí, he vivido en primera persona todo un carrusel de emociones y de sorpresas… de esas que te quitan el hipo. De esas que te dejan huella. De esas que te ensanchan el corazón…

Verás, como me gusta mucho estirar el tiempo (“estirar la vida” lo llaman algunos) en cuanto se da la ocasión intento hilvanar mis viajes por motivos profesionales con alguna que otra “alegría” personal, aún a riesgo de que las circunstancias o los imprevistos puedan dar al traste con todo lo planificado…

Te cuento todo esto porque a finales del verano pasado, aún no me explico cómo pude cometer semejante locura, decidí inscribirme para correr el Maratón de Valencia (España), previsto para el 1 de diciembre de 2024, es decir, durante el pasado fin de semana. Sería mi 42K nº 36, una locura, sí, pero mayor aún si se tiene en cuenta que no me había sometido a tales retos desde que corrí el de Lima (Perú) en el año 2015. Demasiados años desde entonces, demasiado cansancio acumulado, numerosas lesiones musculares y algún que otro quebranto de la vida recomendarían mayor prudencia y menores exigencias personales, pero… ¿Quién dijo miedo? ¡Ja, ja, ja!

El caso es que me inscribí sin estar demasiado convencido ni motivado, pero me inscribí…   Quizás conozcas algo de este tipo de pruebas deportivas, siempre épicas y siempre extenuantes, pero, mira por donde, si te soy sincero, creo que nada me tocó tanto la fibra como lo que sucedió al final, una vez terminada la prueba…  Aunque me parece que lo mejor será que empiece por el principio.

Verás, para aprovechar ese viaje tan largo también visitaría otras dos ciudades relativamente cercanas a Valencia en las que estábamos desarrollando algunos de nuestros trabajos: primero a Buñol (Comunidad Valenciana) cuyo ayuntamiento acababa de encomendarnos el rediseño de su frente fluvial, un precioso paraje natural impregnado así mismo de los singulares valores históricos y arquitectónicos que generaron en su día un rosario de fábricas de papel al implantarse en sus márgenes. Por eso supuse que para esas fechas ya podría exponerles los primeros bocetos de nuestro proyecto… Y, durante el trayecto de vuelta, visitaría Torre-Pacheco (Región de Murcia) en cuya planificación urbanística también estamos trabajando.

Sin embargo, como sabes bien, una DANA terrible sorprendió a muchos de los municipios de La Comunidad Valenciana dejando un trágico reguero de muerte, de dolor y de daños inimaginables por doquier.  Supe que en Buñol, felizmente, no hubo muertes, pero en el entorno del río el agua arrasó todo a su paso, cuyas huellas en forma de derrumbes de edificios, deslizamientos de laderas, rotura de numerosas infraestructuras básicas y sobre todo de mucha tristeza las he podido comprobar personalmente en estos días.

BUÑOL DANA 1

BUÑOL DANA 2

Por tanto, ya en un contexto radicalmente diferente al que había cuando se produjo el encargo, pude reunirme con mi apreciado colega José María Ochando, arquitecto municipal de Buñol, y ambos estuvimos reflexionando sobre cómo deberían reorientarse las políticas públicas en el entorno del cauce.

BUÑOL esquema río

Acto seguido, la fiesta de la Maratón ya reclamó su lugar en mi mente, colonizando cada una de las 48 horas siguientes. Fíjate que hasta pocos días antes no se confirmó que la prueba se celebraría, porque debes saber que el 42K de Valencia tiene características similares a las del selectísimo club de los “Major”: los de New York, Boston, Chicago, Londres y Berlín. Así que imagina la dificultad de prestar una adecuada logística a 35.000 corredores de todo el mundo en una ciudad cuyo transporte público estaba inutilizado por la DANA.  

Sin embargo, Valencia y los valencianos decidieron que tenían que superar tanta desdicha, emplazándonos a los maratonianos a sumarnos a su gran reto: VALENCIA CORRE POR VALENCIA, y sortear con deportividad y con paciencia las incomodidades que nos supondría que este evento se diese en una ciudad dañada en sus infraestructuras y en su funcionamiento.

VALENCIA dorsal maratón

Así, por ejemplo, yo que llevaba las fuerzas justas de más, el día D tuve que madrugar un poco más de la cuenta para recorrer caminando los 5 km. que me separaban de la línea de salida… ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas ¡Ja, ja, ja, ja!

La prueba fue precedida con el emocionante himno de Valencia, ahora reconvertido en el más bello y escalofriante canto a la esperanza de todo un pueblo, y acto seguido los 42 kilómetros 195 mts. nos enfrentaron a cada uno de los protagonistas frente al espejo de nuestro ser, a la capacidad de cada cual para administrar su agonía y a la manera de gestionar sus valores.

Felizmente tuvimos un agradable día otoñal, lleno de luz, a cuya fiesta del deporte popular se sumaron miles de valencianos que, al menos a mí me lo pareció, con gran entusiasmo nos aplaudían y aplaudían a todos los corredores.

La parte verdaderamente anecdótica de esta historia es que, tirando de oficio, de pundonor y de capacidad de sufrir, toda la tensión acumulada durante horas de lucha finalmente se tornó en una inimaginable sinfonía cuando por fin pude cruzar la línea de meta. Dicen que en los 42K solo se disfrutan los últimos 200 mts… ¡Como mucho! ¡Ja, ja, ja! Pues yo esos últimos 200 mts. los recorrí con mi gorra en la mano ondeando al viento y con mi mirada levantada hacia el cielo de Valencia.

Medalla, abrazos, avituallamiento, amplias sonrisas… ¡Y el orgullo por haber terminado tres docenas de maratones! ¡Ahí es nada!

VALENCIA 2 dorsal maratón

VALENCIA saboreando las medallas

Pero, tras toda la liturgia de la llegada triunfal a la meta tocó pensar en volver al hospedaje, en la ducha reparadora y en comer un poco… ¡Horror! ¡Vuelta a la cruda realidad! NO había taxis ni uber; NO había buses; NO había Metro… y mis fuerzas ya no daban ni para caminar un par de manzanas.

Tras unos minutos de incertidumbre la solución estaba clara: irse a un semáforo para ofrecer a los conductores que, previo pago de una generosa propina, hicieran de taxistas circunstanciales… Es verdad que una chica se excusó porque su bebé ocupaba toda la parte trasera de su vehículo, pero el resto de los conductores a los que abordé fueron muy poco o, mejor dicho, nada amables… Hasta que, de repente, desde un coche que llegaba se nos invitó a montar:

  • ¡Pasad! ¡Yo os llevo a casa!
  • ¡Sí, por favor! ¡Gracias! Le pagaremos lo que nos pida
  • ¡De ninguna manera! Yo los transporto gratis con mucho gusto.

Fueron unos 20’ de entrañable conversación con nuestro benefactor que se sentía tremendamente orgulloso por haber podido socorrernos. Se llama Cristian, nació en Ecuador, y trabaja como cocinero en un buen restaurante. Vive desde hace años con su hermana en Valencia y también nos habló muy orgulloso de su enamorada, a la que recogería poco después.

Nos impresionó que nos contase algunas vivencias sobre la DANA. Por ejemplo, que, junto a su círculo de amistades, había pedido unos días de vacaciones para ir a ayudar como voluntario a los pueblos dañados. O que, a su hermana, que regenta un pequeño hospedaje, le habían cancelado de repente más de 150 reservas… Nos explicó que todos los valencianos estaban sobrecogidos desde entonces pero que, sin embargo, “haber podido celebrar el Maratón había obrado un milagro ya que esa mañana, al fin, la ciudad había vuelto a sonreír…”

Al llegar nos hicimos un simpático selfi y nos compartimos los teléfonos. Ojalá acepte nuestra invitación para conocer Granada y Jaén.

No me cabe la menor duda, no nos cabe la menor duda de que la verdadera medalla nos la regaló Cristian y su maravillosa actitud, como el mejor conciudadano que cualquier ciudad quisiera albergar.

CRISTIAN VALENCIA

Publicado en La Ciudad Comprometida
Domingo, 26 Septiembre 2010 08:47

ZANCADAS CONTRA EL TIEMPO

Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la 'media'
Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la 'media'

Hoy reproducimos esta noticia publicada en IDEAL como muestra de un ejemplo de superación.

Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la ‘media’, completa con soltura el recorrido a sus 73 años y reconoce que «si no corro me da el mono»

En 1936, un atleta negro llamado Jesse Owens irritó al führer al ganar delante de sus narices cuatro medallas de oro en los Juegos de Berlín, unas olimpiadas con las que Hitler pretendía demostrar al mundo la superioridad de la raza aria y que a la postre sólo sirvieron para encumbrar al portento de Alabama. Ese año de triste recuerdo para España vio la luz en Maracena otro atleta. Se llamaba Manuel (por entonces, Manolito) y aunque entonces no lo sabía, aunque iba a tardar más de cuatro décadas en darse cuenta, en sus piernas y en su corazón latía también un atleta de pura raza. Don Manuel no ha ganado medallas olímpicas, ni siquiera ha atravesado nunca una meta en primera posición, sin embargo, cada carrera suya es una gesta, una hazaña, una proeza digna de mérito y glosa.
Manuel Legaza Gómez, dorsal 1115, una hora cincuenta y cinco minutos en meta, ejerció ayer de abuelo del medio maratón de Granada. A sus 73 años fue el atleta inscrito de mayor edad, un suceso que se repite en casi todas las pruebas en las que participa. Que no son pocas. No es necesario traspasar con creces la edad de la jubilación o llevar el DNI la marca de un septuagenario para ser y actuar y vivir como un viejo. A partir de los cuarenta, la natural decadencia física se acentúa en quienes no practican deporte con asiduidad (la mayoría de la población) y sólo con tenacidad y fuerza de voluntad se puede engañar al tiempo que nos gasta. Pero si toparse con atletas de cuarenta y cincuenta años es más o menos habitual, encontrarse con corredores con más de sesenta empieza a ser difícil y no digamos ya con 73, una auténtica rareza en una prueba como la de ayer, larga y exigente.
Presidente del Maracena
A Manolo Legaza no le asustan los retos. No se arredró cuando, tras presidir en dos ciclos el Maracena, lo llamaron para dirigirlo en una tercera etapa e impedir la desaparición de un club que se moría. El fútbol es la otra pasión de este hombre enjuto, de frente despejada, sonrisa fácil y cuyo cuerpo es un manojo de fibras musculares a flor de piel. Ninguno de sus cuatro hijos ha heredado su pasión deportiva y la esperanza reside en los nietos, que juegan al fútbol en categorías inferiores de varios equipos. Sólo el tiempo dirá si su afición deportiva es tan consistente como la de su abuelo. Manolo también jugó al fútbol en su juventud pero lo dejó para casarse, formar una familia y criarla con la ayuda de su mujer y de la tienda de tejidos (Inma Moda) que regentó en su pueblo durante décadas.
Un buen día de hace 32 años, por las venas de este abuelo empezó a correr un virus divino, un veneno que desgasta zapatillas, destila litros de sudor y regala íntimas satisfacciones capaces de restañar en un rato las heridas que causa, que de todo hay. «Tenía un primo barbero que hacía sus pinitos y me dijo que me fuera con él. Desde entonces no ha parado de correr. Ahora paso más de una semana sin hacerlo y lo echo de menos. Es como si tuviera mono», explica.
El martes, al tajo
Por eso, por esa adicción que es tan difícil explicar para quienes nunca han devorado a zancadas un camino polvoriento, Manuel sólo descansará hoy y mañana volverá a calzarse las zapatillas. «El martes hemos quedado un grupo a las siete de la mañana. De Maracena vamos hasta la avenida Joaquina Eguaras y después atravesamos la Gran Vía, Reyes Católicos y otras calles hasta regresar a Maracena», relata.
En sus piernas tiene media docena de maratones, incontables ‘medias’ y pruebas míticas como la Subida al Veleta, cubierta en seis horas en 1992. Copas y medallas abarrotan las vitrinas de su casa y asegura que desde que empezó en las carreras populares, como veterano de la categoría A, «ya me he recorrido todo el abecedario», bromea (ahora es veterano G).
«Corro porque me siento bien. A los de 60 años los veo con bastón y barrigón y no quiero estar así. Los de mi edad se quedan en el sofá. Yo salgo a correr», sentencia. «He sido siempre muy inquieto. Mi familia me apoya y mi mujer me ‘deja’ que haga lo que quiera. A veces le da miedo de que me pase algo, pero después está encantada y viene con mis hijos y mis nietos a verme en las carreras», comenta.
A Manolo Legaza le reconforta eso de ser el abuelo del medio maratón de Granada, sobre todo cuando media hora después de llegar a la meta todavía hay corredores acercándose al complejo deportivo Núñez Blanca, atletas que podrían ser sus nietos. «El tiempo no está mal para mi edad. He corrido muy a gusto y he terminado muy bien», precisa. «Mientras pueda, seguiré corriendo. Cuando la edad no me lo permita, andaré. Cualquier cosa menos estar parado», concluye.
El día en que don Manuel sólo pueda caminar se antoja lejano. De momento, mientras el eco lejano de Owens le recuerda que es posible vencer al déspota con unas humildes zapatillas, Manolo se empeña en derrotar a zancadas a ese otro tirano llamado tiempo.

Pincha aquí para descargarte el artículo en pdf

Por Manu Pedreira. Publicado en IDEAL el 14 de diciembre de 2009

Domingo, 26 Septiembre 2010 06:56

ZANCADAS CONTRA EL TIEMPO

Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la 'media'
Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la 'media'

Hoy reproducimos esta noticia publicada en IDEAL como muestra de un ejemplo de superación.

Manuel Legaza Gómez, el abuelo de la ‘media’, completa con soltura el recorrido a sus 73 años y reconoce que «si no corro me da el mono»

En 1936, un atleta negro llamado Jesse Owens irritó al führer al ganar delante de sus narices cuatro medallas de oro en los Juegos de Berlín, unas olimpiadas con las que Hitler pretendía demostrar al mundo la superioridad de la raza aria y que a la postre sólo sirvieron para encumbrar al portento de Alabama. Ese año de triste recuerdo para España vio la luz en Maracena otro atleta. Se llamaba Manuel (por entonces, Manolito) y aunque entonces no lo sabía, aunque iba a tardar más de cuatro décadas en darse cuenta, en sus piernas y en su corazón latía también un atleta de pura raza. Don Manuel no ha ganado medallas olímpicas, ni siquiera ha atravesado nunca una meta en primera posición, sin embargo, cada carrera suya es una gesta, una hazaña, una proeza digna de mérito y glosa.
Manuel Legaza Gómez, dorsal 1115, una hora cincuenta y cinco minutos en meta, ejerció ayer de abuelo del medio maratón de Granada. A sus 73 años fue el atleta inscrito de mayor edad, un suceso que se repite en casi todas las pruebas en las que participa. Que no son pocas. No es necesario traspasar con creces la edad de la jubilación o llevar el DNI la marca de un septuagenario para ser y actuar y vivir como un viejo. A partir de los cuarenta, la natural decadencia física se acentúa en quienes no practican deporte con asiduidad (la mayoría de la población) y sólo con tenacidad y fuerza de voluntad se puede engañar al tiempo que nos gasta. Pero si toparse con atletas de cuarenta y cincuenta años es más o menos habitual, encontrarse con corredores con más de sesenta empieza a ser difícil y no digamos ya con 73, una auténtica rareza en una prueba como la de ayer, larga y exigente.
Presidente del Maracena
A Manolo Legaza no le asustan los retos. No se arredró cuando, tras presidir en dos ciclos el Maracena, lo llamaron para dirigirlo en una tercera etapa e impedir la desaparición de un club que se moría. El fútbol es la otra pasión de este hombre enjuto, de frente despejada, sonrisa fácil y cuyo cuerpo es un manojo de fibras musculares a flor de piel. Ninguno de sus cuatro hijos ha heredado su pasión deportiva y la esperanza reside en los nietos, que juegan al fútbol en categorías inferiores de varios equipos. Sólo el tiempo dirá si su afición deportiva es tan consistente como la de su abuelo. Manolo también jugó al fútbol en su juventud pero lo dejó para casarse, formar una familia y criarla con la ayuda de su mujer y de la tienda de tejidos (Inma Moda) que regentó en su pueblo durante décadas.
Un buen día de hace 32 años, por las venas de este abuelo empezó a correr un virus divino, un veneno que desgasta zapatillas, destila litros de sudor y regala íntimas satisfacciones capaces de restañar en un rato las heridas que causa, que de todo hay. «Tenía un primo barbero que hacía sus pinitos y me dijo que me fuera con él. Desde entonces no ha parado de correr. Ahora paso más de una semana sin hacerlo y lo echo de menos. Es como si tuviera mono», explica.
El martes, al tajo
Por eso, por esa adicción que es tan difícil explicar para quienes nunca han devorado a zancadas un camino polvoriento, Manuel sólo descansará hoy y mañana volverá a calzarse las zapatillas. «El martes hemos quedado un grupo a las siete de la mañana. De Maracena vamos hasta la avenida Joaquina Eguaras y después atravesamos la Gran Vía, Reyes Católicos y otras calles hasta regresar a Maracena», relata.
En sus piernas tiene media docena de maratones, incontables ‘medias’ y pruebas míticas como la Subida al Veleta, cubierta en seis horas en 1992. Copas y medallas abarrotan las vitrinas de su casa y asegura que desde que empezó en las carreras populares, como veterano de la categoría A, «ya me he recorrido todo el abecedario», bromea (ahora es veterano G).
«Corro porque me siento bien. A los de 60 años los veo con bastón y barrigón y no quiero estar así. Los de mi edad se quedan en el sofá. Yo salgo a correr», sentencia. «He sido siempre muy inquieto. Mi familia me apoya y mi mujer me ‘deja’ que haga lo que quiera. A veces le da miedo de que me pase algo, pero después está encantada y viene con mis hijos y mis nietos a verme en las carreras», comenta.
A Manolo Legaza le reconforta eso de ser el abuelo del medio maratón de Granada, sobre todo cuando media hora después de llegar a la meta todavía hay corredores acercándose al complejo deportivo Núñez Blanca, atletas que podrían ser sus nietos. «El tiempo no está mal para mi edad. He corrido muy a gusto y he terminado muy bien», precisa. «Mientras pueda, seguiré corriendo. Cuando la edad no me lo permita, andaré. Cualquier cosa menos estar parado», concluye.
El día en que don Manuel sólo pueda caminar se antoja lejano. De momento, mientras el eco lejano de Owens le recuerda que es posible vencer al déspota con unas humildes zapatillas, Manolo se empeña en derrotar a zancadas a ese otro tirano llamado tiempo.

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Por Manu Pedreira. Publicado en IDEAL el 14 de diciembre de 2009

Publicado en Noticias y Actualidad
Juan Carlos García de los Reyes junto al marchador accitano Francisco Peláez 'Paquillo'.
Juan Carlos García de los Reyes junto al marchador accitano Francisco Fernández Peláez 'Paquillo'.

El domingo, a primera hora de la tarde, a través del iPhone mensaje escribí en facebook lo siguiente: 

“Acabo de terminar el +qMaraton del Cascamorras… 50 km que han unido a las ciudades Guadix Baza, y a sus gentes… Ha sido mi 29′ maratón y solo tengo sentimientos de gratitud para la vida…. Esta noche escribiré algo mas en el blog La Ciudad Comprometida!”, por lo que ya va siendo  hora de que me vuelva a comunicar con vosotros.

Como sabéis, Guadix y Baza, Baza y Guadix, son dos ciudades andaluzas y milenarias, de gentes francas y buenas, ubicadas algo próximas entre sí, y ambas en la encrucijada de los caminos que enlazan el norte con el sur, el levante con el poniente. Caminos que el hombre recorre desde hace más de un millón de años…

Pues bien, hace como diez años, los clubes de corredores de estas dos ciudades (Los Trotanoches y Los Cantarranas) nos pidieron a Joaquín Guadix (de Baza, paradójicamente) y a mí (de Guadix) que organizásemos una prueba  que enlazase corriendo estas dos ciudades hermanas, siguiendo las rutas de los caminantes, en los días previos a la celebración de la famosa fiesta del Cascamorras -en la que como sabéis, de manera simbólica las gentes de estos dos lugares se disputan la imagen de una Virgen, hoy Patrona de Baza-.

Juan Carlos García de los Reyes junto a los presidentes de Cantarranas y Trotanoches y el concejal de urbanismo de Baza.
Juan Carlos García de los Reyes junto a los presidentes de Los Cantarranas y Los Trotanoches, y el concejal de deportes del Excmo. Ayuntamiento de Baza.

Y ese fue el inicio de una prueba no competitiva en la que los corredores de fondo de ambas ciudades escenifican antes del Cascamorras la camaradería y la unión de las gentes, muy por encima de las disputas, a veces festivas a veces competitivas, de dos lugares que comparten casi todo… salvo las Sierras que les sirven de cobijo. Paralelamente, en mi calidad de arquitecto urbanista, por aquellas fechas, tuve el honor de empezar a dirigir la planificación territorial de Baza y singularmente la ordenación y protección de su “dañado” pero rico Centro Histórico, trabajos ambos muy densos, bien complejos y pioneros.

Y el pasado domingo pude correr la X edición de esta singular prueba, sumamente exigente pero al tiempo festivo y solidario, coincidiendo con la feliz conclusión de aquellas tareas planificadoras de las que antes os hablaba… Y por aquello de las casualidades, recientemente me han sido encomendadas unas tareas equivalentes para Guadix (el plan de  protección de su maravillosa Ciudad Histórica)

Como veis, la historia y las circunstancias de la vida, se entrelazan y se repiten… solo hay que estar bien atento para verlo, solo hay que tener bien abierto el corazón para poder  apreciarlo…

Por eso os decía el domingo “…solo tengo sentimientos de gratitud para la vida…” y para mis amigos corredores Los Trotanoches de Guadix, y Los Cantarranas de Baza por ir por delant4e de la sociedad tejiendo puentes maravillosos; y para las gentes francas y buenas, como os decía, de Guadix y de Baza, de Baza y de Guadix, que tanto han confiado en mí, y a quienes tanto debo.

Juan Carlos García de los Reyes y Elena Palomares en plena maratón.
Los hermanos Juan Carlos y Marinés García de los Reyes junto Elena Palomares en plena maratón.
Foto de familia de Los Trotanoches.
Foto de familia de Los Trotanoches y Los Cantarranas.
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Domingo, 28 Febrero 2010 09:02

LAS MIRADAS DEL SÁHARA

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García de los Reyes jugando con niños saharauis.

He tenido la inmensa fortuna de pasar una semana (¡apenas una semana!) en el Sáhara. Viviendo en uno de los campamentos de refugiados en los que malviven miles y miles de saharauis… huérfanos de su tierra y olvidados del mundo. Al Sur de Argelia, en uno de los paisajes más áridos y más terribles de los que existen en nuestro planeta.

Y mi fortuna ha sido inmensa, como os decía, porque he recibido tremendas dosis de cariño y de generosidad precisamente de las personas más pobres que nunca había conocido…

Y porque aún estoy sorprendido de las altas dosis de dignidad y de responsabilidad colectiva que atesoran las gentes de la antigua colonia española del Sáhara Occidental.  Porque, a pesar de que pueden encontrar todo tipo de argumentos para sentirse agredidos por unos (Marruecos) y olvidados por el resto (de lo que España tiene una gran responsabilidad histórica), estas gentes rezuman auténtico patriotismo, y tienen un proyecto común, una ilusión colectiva, conseguir volver algún día a casa, a su casa…  únicamente armados con la fuerza de la razón y de la moral, la del derecho internacional, con paciencia, mucha paciencia, y siempre a través de procedimientos pacíficos… convencidos de que más pronto que tarde se hará justicia…

Pero mientras tanto, el pueblo saharaui lleva, por tanto, 35 años arrinconado en el lugar más inhóspito del desierto viviendo exclusivamente de las ayudas internacionales y de la solidaridad de muchos ciudadanos, ONGs e instituciones internacionales de todo el planeta, porque allí no tienen agua, no tienen alimentos, no tienen recursos… ¡No tienen nada!

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Juan Carlos, Elena y Rafa junto a saharauis en el desierto.

Por eso, aún estoy sobrecogido por sus ganas de vivir, por su esfuerzo titánico  para mantenerse unidos, por el respeto que profesan a sus tradiciones, por la manera con la que veneran a sus ancianos, y sobre todo por la  alegría de los miles de niños saharauis… que son la única garantía de que otro futuro es posible, pero cuyas condiciones de vida están muy por debajo de las que nosotros admitiríamos para uno solo de nuestros compatriotas… pero como solo sabemos mirarnos el ombligo, las vidas de todas esas personas, la existencia de todos esos niños, en realidad, no nos importa nada…

España y Europa los han olvidado. La alta política internacional ha olvidado a toda estas personas… o quizás, simplemente las ha sacrificado en beneficio de acuerdos geopolíticos o económicos con Marruecos, el país invasor y opresor, ¡Qué sé yo!… Y no importa nada que la ONU les dé la razón, porque el tiempo y el desierto más atroz juega en su contra… ¿Cuantos años más podrán aguantar así?

Como participante del Maratón del Sáhara, un proyecto solidario, yo les he llevado una migaja de solidaridad, y ellos, como os decía, me han regalado su corazón… que yo quiero mostrároslo a través de sus miradas: limpias… alegres… inocentes…

Yo no quiero olvidarlos, y nos los voy a olvidar… y estoy seguro de que la fuerza de las personas es mucho mayor que la fuerza de los estados, y que por tanto tu y yo, todos nosotros, debemos formar una ola de solidaridad a favor de esta gente olvidada que sin embargo, día a día, nos da verdaderas lecciones de dignidad… En el Sahara viven miles de Aminetou Haidar.

Pincha en la imagen para acceder a la Galería Fotográfica
LAS MIRADAS DEL SÁHARA
Domingo, 13 Diciembre 2009 11:24

Aminetu Haidar, no lleves la huelga hasta el final

Aminetu Haidar en el aeropuerto de Ls Palmas./ Ideal
Aminetu Haidar en Las Palmas./ Ideal

“…que este mundo no necesita héroes, sino activistas.” Así termina un sincero y certero artículo de uno de nuestros poetas esenciales: Luis García Montero, en el que habla de la dignidad de las personas, y donde nos explica porqué la huelga de hambre de Amenetu Haidar es un testimonio de la dignidad humana.

Así que, en esta semana, la página destinada a la sociedad comprometida os recomienda la lectura de “Aminetu y la sinceridad”, artículo que ha sido publicado el pasado sábado 12 de diciembre  en El Pais, y cuyo enlace os adjuntamos…

Pues… ¿sabéis lo que os digo? Que me voy a preparar y me iré a correr el Maratón del Sáhara que se celebra el próximo 22 febrero de 2010 en el campamento de refugiados de Tinduf (Argelia), ubicado en pleno desierto del Sáhara. Se trata de una prueba solidaria que organiza la buena gente, paciente y abandonada casi a su suerte, de los refugiados del Sahara Occidental, antigua colonia española…

Esta es la décima edición de esta carrera solidaria que tiene como objetivo la concienciación y movilización internacional ante un conflicto que dura más de 34 años. Más de tres décadas, sin que las partes implicadas alcancen un acuerdo y sin que la comunidad internacional consiga desbloquear la situación. Tres décadas de sufrimiento para un pueblo que sufre las consecuencias de un conflicto enterrando sus esperanzas, generación tras generación, en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia), lejos de su país.

El Maratón del Sahara pretende a través del deporte sensibilizar a la sociedad occidental para evitar que la causa saharaui caiga en el olvido y por otro lado recaudar fondos para proyectos de ayuda humanitaria a los refugiados. En la prueba participan corredores de más de 20 países diferentes y de todos los continentes www.saharamarathon.org

Se lo debo, se lo debemos. ¿Alguien se apunta?

Para leer el artículo de Luís García Montero en Ideal pincha el enlace:

Aminetu y la sinceridad

Publicado en Noticias y Actualidad