“ Querido amigo Juan Carlos:
Hoy tus recuerdos me han llegado al alma, pues jamás olvidaré las charlas que mantuve con tu padre mientras esperábamos la cena en aquel magnífico salón de tu casa que daba a la calle Ancha, presidido por dos hermosos cuadros de mi abuelo Juan.
Las historietas, leyendas, chascarrillos y máximas con las que tu padre nos entretenía eran lecciones de la vida que nunca dejaban de enseñarnos algo.
Después de la cena y antes de que tu hermano Julián, q.e.p.d., y un servidor nos retiráramos a nuestros quehaceres nocturnos del Magisterio, empezaba su trabajo con los diferentes periódicos del día, que consistía en irlos repasando e ir cortando con sus “tijerillas”, que siempre llevaba encima, para su colección particular aquellos trozos de la prensa que por cualquier motivo le llamaban la atención.
Son tantas y tan inolvidables aquellas noches, que ni siquiera tengo que cerrar los ojos para verlas perfectamente y lo que yo aprendí y disfruté de ellas me han acompañado toda la vida.
La próxima vez que nos juntemos, te contaré algunos detallillos más que estoy seguro te gustarán.
Un abrazo como yo de grande. ”