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Estimado colega:
Tu análisis del deterioro progresivo que afecta a muchos de los Conjuntos Históricos, creo que es acertado; fundamentalmente por el abandono de los vecinos y la carencia de atractivo para la inversión y promoción, que pudiera ofrecer una renovación inmobiliaria. Esto efectivamente ha ocurrido en Ronda “La Ciudad “y en los últimos años velozmente, constatado personalmente, como vecino y arquitecto
Efectivamente como dices hay fundamentalmente inseguridad jurídica de no saber que se puede hacer con un inmueble deshabitado, abandonado y en estado de ruina o en avanzado deterioro y se teme fundadamente un plazo excesivo en conseguir la licencia. Y esto ha de ser necesario pues la oferta de inmuebles por su tamaño, tipología y estado de conservación no tienen demanda. Efectivamente te vuelvo a dar la razón se prefiere tanto por el inversor privado o el promotor una zona donde las ordenanzas, los accesos, los equipamientos y la libertad de actuación sea más clara y rápida y alcance más posibilidades.
La Ronda en su apogeo del S. XVIII, pasó y fue decreciendo en economía y población hasta hoy, una de las comarcas de España con mayor velocidad de despoblamiento y con una sociedad completamente distinta. El reciente concurso de enganches celebrado ponía de manifiesto a los ojos, en evidencia este contraste; vestimentas, personajes, tecnología, carruajes esplendidos, protagonismo del caballo, la servidumbre, la estructura social, economía, y estructura política, todo tan distinta de la actual. La ciudad refleja la sociedad que la construye y la habita y esta sociedad habitaba Ronda
Desde los años setenta el barrio denominado “La Ciudad”, que, entonces tenía atractivo, pues las licencias eran entonces tramitadas diligentemente, (Y se informaban en Madrid) y había interés foráneo por el entorno, (Se hacían casas para ingleses, norteamericanos, austriacos etc.) las circunstancias han ido cambiando drásticamente. Hoy se abandonan las casas.
Creo que es necesario y difícil arbitrar unas normas que permitan mantener lo fundamental, de la “Imagen de la Ciudad”, pero también y en mayor medida establecer una gestión ágil, y clara que permita arriesgar en estos momentos actuales la inversión en un inmueble para cualquier uso (un uso que debiera ser muy abierto). La licencia siempre se ha dicho y creo que así sigue definiéndose como, un acto administrativo reglado que obliga a la administración. Desgraciadamente ya no es así cuando hoy día intervienen varias personas en su informe y este es en su mayor parte es de carácter subjetivo. La mala o deficiente gestión tiene un efecto demoledor.
Es necesaria una fuerte y decidida intervención e inversión pública que mejore el urbanismo y el entorno y haga de motor a la inversión privada.
Una normativa clara y concisa, y una ágil gestión administrativa.*

*Este mensaje te lo envío en nombre de Javier Carrasco Sainz, arquitecto de Ronda que tiene problemas con su pc.