“ Una vez más este artículo trasmite en su lectura más profunda que es, en el fondo, un acto de resistencia. Resistencia frente al desgaste, frente a la burocracia, frente a las urgencias que a veces nos alejan del porqué de lo que hacemos. Y a la vez, es un testimonio esperanzador de que aún es posible ejercer la arquitectura con sensibilidad, rigor técnico y una mirada amplia que entienda la ciudad como un tejido vivo, cargado de historia. Una reflexión serena y generosa sobre el valor del equipo, la constancia y la ética profesional que pone el foco en las personas. ”